El intendente de Cipolletti y presidente de Juntos Somos Río Negro, Rodrigo Buteler, responsabilizó a la gestión del exintendente Martín Soria por la situación de conectividad que hoy aleja a General Roca del impacto económico de Vaca Muerta.
Las declaraciones avivan la disputa territorial entre las dos ciudades más grandes del Alto Valle.
El intendente de Cipolletti y presidente de Juntos Somos Río Negro, Rodrigo Buteler, realizó un balance de su gestión al frente del municipio.
En una entrevista radial, sin esquivar las comparaciones con General Roca, especialmente al analizar por qué Cipolletti parece capitalizar con mayor velocidad el «efecto Vaca Muerta».
Las declaraciones, emitidas en el programa «Volverte a Ver» de Radio El Valle, derivaron en un cruce político directo con la gestión del exintendente roquense Martín Soria.
Así, Buteler señaló como responsable de decisiones que hoy condicionan la conectividad de esa ciudad con la cuenca hidrocarburífera.
El episodio reaviva la disputa por el liderazgo territorial del Alto Valle en un contexto de año electoral.
La acusación directa sobre la Ruta 22
Uno de los puntos más álgidos de la entrevista fue cuando Buteler se refirió a la parálisis de las obras en la Ruta Nacional 22.
Al ser consultado sobre la mirada de los roquenses, que a veces perciben una preferencia provincial hacia Cipolletti, el intendente fue tajante al señalar que la diferencia radica en decisiones políticas locales.
«Nosotros no tenemos un problema vial como pasa con Roca, que el haberse opuesto a la terminación de la 22 de alguna manera le genera cierta lejanía de Vaca Muerta».
La frase fue el puntapié de una argumentación en la que el jefe comunal cipoleño trazó una línea directa entre las posiciones políticas de las gestiones anteriores en Roca y el retraso relativo que hoy sufre esa ciudad en materia de infraestructura.
El jefe comunal sugirió que la postura histórica del municipio roquense respecto al proyecto de la autopista terminó perjudicando su conectividad.
«Posiblemente, si no se hubiese opuesto a la Ruta 22 y la ruta estuviese terminada, bueno, sería otra historia».
Con esas palabras, Buteler ligó directamente las consecuencias económicas actuales con las decisiones políticas que, en su visión, frenaron una obra de impacto regional durante años.
El amparo de 2016 y el origen de la parálisis
Las obras en el tramo de Roca fueron rechazadas en 2016 por medio de un amparo colectivo que lideró el municipio a través del entonces intendente Martín Soria.
El argumento fue el impacto visual y de comunicación que generarían los puentes elevados de piedra y calcáreo previstos en el proyecto original.
Ese freno judicial marcó un punto de inflexión en la historia de la ampliación de la Ruta 22, una obra que, con apenas un 50 a 60% de avance promedio después de 17 años.
Con tramos abandonados o judicializados, terminó siendo un punto crítico de riesgo vial.
La parálisis en las obras de ampliación se extiende ya a varios años. En el tramo III que pasa por Roca, el diseño de las estructuras elevadas.
Fue rechazado por el municipio y la obra apenas tuvo movimientos de suelos antes de quedar paralizada.
La situación se replicó luego en Cipolletti, donde el entonces intendente Claudio Di Tella también pidió detener los trabajos en 2020, aunque por razones de impacto urbano en su propio distrito.
El «cuello de botella» que frena a Vaca Muerta
Las obras de ampliación entre Roca y Cipolletti representan el «cuello de botella» que se potenció con el incesante crecimiento del movimiento petrolero que genera Vaca Muerta. El aumento de esa actividad llevó a los camiones que transportan arena para el fracking a cruzar por el interior de las ciudades ante la falta de vías adecuadas.
El impacto en la infraestructura urbana fue tal que tanto el municipio de Cipolletti como el de Fernández Oro decidieron prohibir el tránsito de los vehículos pesados en sus calles, porque dañaban el asfalto y congestionaban aún más el tránsito.
Cada pozo en Vaca Muerta demanda entre 1.000 y 1.500 viajes de camión, lo que multiplica el tránsito pesado sobre rutas que originalmente no fueron diseñadas para ese volumen ni para ese tipo de carga.
Ese incremento impacta en el deterioro acelerado de la infraestructura y en la interferencia con el tránsito urbano y particular, especialmente en zonas donde no hay vías segregadas.
En ese contexto, la conectividad vial dejó de ser un problema de tránsito cotidiano para convertirse en una variable de competitividad territorial.
Buteler reivindica la actitud colaborativa de Cipolletti
Buteler insistió en que el crecimiento de su ciudad no responde a una «arbitrariedad en la distribución de recursos» por parte de la provincia, sino a un ordenamiento interno de las arcas municipales.
En ese sentido, contrastó la capacidad de ejecución de obras entre ambas ciudades hermanas. La distinción apuntó a desactivar la percepción extendida en sectores roquenses de que Cipolletti recibe un trato preferencial del gobierno provincial de Alberto Weretilneck.
El intendente marcó una diferencia en la actitud política ante el conflicto: «Nosotros colaboramos siempre desde lo positivo, somos constructivos y nos ayudamos mutuamente con la provincia para resolver los problemas».
Al mismo tiempo, reconoció que existen deudas históricas que unen a las dos ciudades más grandes del Alto Valle, admitiendo que «los caños han cumplido su vida útil; es una problemática que compartimos entre Roca y Cipolletti» en materia de redes de agua y cloacas.


