Sin nieve natural, Bariloche apuesta a la temporada con cañones y turistas brasileñosSin nieve natural, Bariloche apuesta a la temporada con cañones y turistas brasileños

Por segundo invierno consecutivo, Bariloche llega a julio sin nevadas significativas. El Cerro Catedral opera gracias a 40 cañones de nieve artificial. El turismo se mantiene, pero la dependencia tecnológica expone un problema estructural que el sector ya no puede ignorar.

La postal que millones de argentinos asocian con Bariloche en julio —montañas blancas, pistas llenas, el Catedral en plena actividad— vuelve a depender, por segundo año seguido, de máquinas en lugar de nubes. La falta de nieve en Bariloche y su impacto en el turismo es el dato central de esta temporada invernal: sin precipitaciones naturales suficientes, el centro de esquí más importante del país opera gracias a una infraestructura de fabricación artificial que el sector presenta como solución, pero que no oculta el problema de fondo.

Cerro Catedral cuenta hoy con 40 cañones de última generación distribuidos estratégicamente en la montaña. Esa tecnología permitió abrir la temporada cuando las condiciones climáticas no lo habilitaban de manera natural. Las áreas bajas del centro de esquí funcionan con normalidad. La actividad existe. Pero las zonas altas siguen sin cobertura natural suficiente, lo que limita la oferta disponible para esquiadores de nivel intermedio y avanzado.

El número que preocupa: dos inviernos sin nieve natural

Lo que este año distingue de temporadas anteriores es la confirmación de una tendencia. No se trata de un invierno atípico sino del segundo consecutivo en que Bariloche enfrenta la misma situación. En 2025 ya fue la tecnología la que salvó la temporada, y en 2026 ocurre lo mismo. Ese patrón instala una pregunta que el sector evita responder con claridad: ¿cuántos años más puede sostenerse el modelo sin un cambio estructural en la oferta turística?

Piedras Blancas, un área vinculada a las actividades de nieve para principiantes, suspendió sus operaciones sin fecha de reapertura. Los operadores de trineos, caminatas con raquetas y motos de nieve atraviesan un parate prolongado por falta de cobertura natural. Eso no es solo un dato turístico: es un recorte directo en los ingresos de prestadores independientes que dependen de esas actividades para sostenerse durante los meses de invierno.

Turistas que llegan igual: el brasileño como variable de ajuste

La ocupación hotelera ronda el 60%, por debajo de temporadas anteriores, pero lejos del colapso. El factor que modera el impacto es, en buena parte, el turismo brasileño. Esta temporada se espera la llegada de alrededor de 55.000 turistas de Brasil, un segmento que viene creciendo y que tiene una relación particular con Bariloche: para muchos de esos visitantes, la nieve artificial es tan válida como la natural, y la experiencia de la ciudad —la gastronomía, el lago, el paisaje cordillerano— tiene tanto peso como las pistas.

El secretario de Turismo municipal, Sergio Herrero, subrayó que el flujo de visitantes se mantiene activo. Las métricas que el sector prioriza hoy ya no son solo los porcentajes de ocupación hotelera, sino los consumos y la cantidad de pasajeros llegados. Bajo ese criterio, la temporada no es un desastre. Pero tampoco es la temporada que Bariloche necesita para consolidar su posición como destino internacional de nieve.

Nieve técnica: solución o síntoma

La inversión de Catedral Alta Patagonia en tecnología de fabricación de nieve es real y tiene impacto concreto. Los 40 cañones instalados generan cobertura suficiente para mantener operativas las pistas de acceso y los circuitos básicos. La empresa señala que esa infraestructura también protege el empleo local, ya que cada jornada de operación moviliza a hoteles, restaurantes, instructores de esquí, transportistas y comercios vinculados al turismo.

Pero la nieve técnica tiene un costo operativo elevado y un alcance físico limitado. No puede reemplazar a la nieve natural en extensión ni en calidad para el esquí de alta montaña. Y el cambio climático que explica la ausencia de nevadas no es una anomalía pasajera: los registros de las últimas décadas muestran una reducción progresiva en la acumulación de nieve en la cordillera patagónica durante el período invernal.

Bariloche sostiene la temporada. Pero la ecuación entre tecnología, cambio climático y modelo turístico está llegando a un punto en que postergar la discusión de fondo ya no es una opción viable.

Por LPRN

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