La intendenta roquense confirmó que encenderá motores rumbo a la gobernación. El mapa político provincial empieza a tomar forma: tres espacios con chances reales, ninguno con mayoría clara, y General Roca como laboratorio de la nueva oposición.
La política rionegrina dejó de hablar en condicional. La intendenta de General Roca, María Emilia Soria, confirmó que será candidata a gobernadora de Río Negro en 2027 y que ya decidió encender motores de cara a la disputa provincial. El anuncio convierte a la ciudad más poblada del Alto Valle en el cuartel general de la oposición al gobierno de Alberto Weretilneck, que lleva más de quince años sosteniendo Juntos Somos Río Negro en el poder.
La declaración de María Emilia Soria como candidata a gobernadora de Río Negro no sorprendió a nadie en los pasillos políticos de la provincia. Sus movimientos de los últimos meses lo anticipaban. Reuniones con el vicegobernador Pedro Pesatti —hoy completamente distanciado de Weretilneck—, acercamientos con la diputada nacional Adriana Serquis, contactos con el espacio de Juan Grabois y conversaciones con el ex intendente barilochense Gustavo Gennuso, que también orbita fuera de JSRN. El peronismo provincial la abraza como su figura central después de años de divisiones internas que costaron caro electoralmente.
La elección de tres tercios que preocupa al oficialismo
El escenario que se proyecta para 2027 es inédito para Río Negro. Tres fuerzas con chances reales de competir, sin mayoría clara para ninguna. Weretilneck mantiene el control absoluto del Estado provincial, pero los análisis internos del oficialismo muestran un techo en torno al 30% de intención de voto. Esa cifra es suficiente para gobernar en una elección dispersa pero insuficiente si el peronismo logra la unidad que históricamente le costó tanto sostener.
El tercer actor del tablero es el diputado nacional Aníbal Tortoriello, referente del espacio CREO, que se consolida como la principal estructura opositora con identidad propia más allá del peronismo. Y en los centros urbanos, el voto libertario suma presencia y agrega una variable más a una ecuación que ya era compleja.
Frente a ese escenario, Weretilneck realizó en los primeros días de junio un movimiento político significativo: cedió la presidencia de JSRN al intendente de Cipolletti, Rodrigo Buteler, y designó al jefe comunal de Viedma, Marcos Castro, como vicepresidente del partido. El mensaje es de renovación. La lectura opositora es otra: el gobernador busca despegarse de los costos del desgaste sin abandonar el manejo real del espacio político.
Roca, laboratorio de la nueva política provincial
La estrategia de Soria tiene en General Roca su punto de partida y su modelo. En la ciudad del Alto Valle, distintos sectores políticos aprendieron a construir acuerdos amplios que superan los límites partidarios tradicionales. El legislador provincial Javier Acevedo fue más lejos y propuso replicar esa lógica a escala provincial: construir frentes amplios que eviten las divisiones históricas y el fraccionamiento que dejó al peronismo afuera de la gobernación durante más de una década.
El límite que trazan los promotores de esos acuerdos es el kirchnerismo duro y los espacios de derecha identificados con La Libertad Avanza y el macrismo. Lo que queda en el medio es un espacio amplio que el peronismo rionegrino intenta ocupar con Soria como figura convocante.
El camino es largo. Falta más de un año para las elecciones y las definiciones nacionales —alianzas, cronogramas, contexto económico— condicionarán cualquier armado provincial. Pero la confirmación de Soria marca un punto de inflexión. La carrera por la gobernación de Río Negro ya tiene punto de largada, y arranca desde General Roca.

