Walter Cortés no retrocede. Esta semana volvió a defender el uso sistemático del veto ejecutivo frente al Concejo Municipal y anticipó que seguirá aplicándolo. La oposición ya no habla de diferencias políticas: habla de una gestión que desprecia el debate institucional.
El martes 2 de junio, en medio de una sesión extraordinaria que volvió a calificarse como escandalosa, Walter Cortés salió a respaldar los vetos del Ejecutivo con una declaración que no dejó lugar a dudas: «Voy a seguir vetando lo que genere más gastos». La frase sintetiza una filosofía de gestión que ya generó más roces que acuerdos con el Concejo Deliberante de Bariloche.
Uno de los expedientes vetados fue el proyecto de pase a planta permanente de unos 120 trabajadores municipales contratados. El intendente rechazó la medida argumentando que el municipio debe evitar incorporar más personal a la planta estable. La oposición respondió con dureza. El concejal Costa Brutten, autor de la ordenanza, no solo defendió el pase a planta sino que reflotó la contratación de la sobrina de Cortés al inicio de su gestión, un episodio que quedó sin efecto y cuyos pagos fueron devueltos, pero que sigue siendo una herida abierta en el debate político local.
Un estilo que genera anticuerpos
Las sesiones del Concejo Municipal de Bariloche se convirtieron en un escenario recurrente de tensión. La oposición ya no cuestiona solo las decisiones de Cortés, sino el modo en que las toma. La concejal Natalia Almonacid fue una de las voces más duras en los últimos meses: «No se puede conducir a una ciudad como si fuera un gremio», disparó durante una sesión en la que se debatían cambios en la estructura del gobierno municipal.
Y fue más lejos: acusó al intendente de buscar «una máxima concentración de poder» y de usar el nuevo organigrama para «acomodar a un amigo». Frases que, más allá de su carga política, reflejan un clima institucional deteriorado.
Desde otros sectores de la oposición la caracterización es más directa todavía. En los últimos días circularon calificaciones que lo acusan de gobernar con un perfil autoritario y de tratar al Concejo como un obstáculo más que como un poder del Estado.
El fondo del problema: la plata no alcanza
Detrás de cada veto hay una ecuación fiscal que Cortés expone sin pudor. El municipio tiene comprometido un presupuesto 2026 que creció un 75% respecto del año anterior, pero el Concejo le rechazó la actualización de la Ordenanza Fiscal y Tarifaria. Resultado: los ingresos no crecen al ritmo de los gastos proyectados. Cualquier ordenanza que implique una erogación adicional se convierte en un problema real para las cuentas municipales.
Eso explica, en parte, la lógica del veto sistemático. Pero la explicación fiscal no alcanza para justificar la forma. Varios concejales afines al oficialismo también empezaron a marcar distancia de un estilo de gestión que cada vez genera más rispideces hacia adentro del propio bloque.
Cortés ganó la pulseada legislativa del martes. Los vetos avanzaron. Pero el costo político de cada victoria en el recinto se acumula. Y en un año preelectoral con 2027 cada vez más cerca, ese costo empieza a pesar.

