El intendente de Bariloche abandonó una reunión convocada por el secretario de Turismo de la Nación antes de que terminara porque no estaba dispuesto a compartir el salón con el empresario. El episodio desnuda una pelea que tiene historia, tierra pública de por medio y millones de dólares en juego.
Walter Cortés avisó antes de llegar. Le dijo al secretario de Turismo de la Nación, Daniel Scioli, que si Sebastián Trappa aparecía en la reunión con empresarios de Bariloche, él se retiraba. Scioli lo invitó igual. Trappa llegó igual. Y Cortés se fue.
El episodio ocurrió el jueves 14 de agosto en el Hotel Inacayal. Scioli había convocado a una reunión con empresarios de distintos rubros de la ciudad. Entre los presentes estaban Helga Salvatelli, gerenta general de Catedral Alta Patagonia (CAPSA), la concesionaria del cerro, y Ezequiel Barberis, titular de la Cámara de Turismo y presidente de la Federación Argentina de Asociaciones de Empresas de Viajes y Turismo. También estaba el intendente, que llegó puntual y saludó a cada uno.
Cuando Trappa entró al salón, el clima cambió de inmediato. Cortés se puso de pie, esquivó la mano que el empresario le extendía y caminó hacia la puerta. Scioli intentó retenerlo. El intendente respondió con la misma frase que había dicho por teléfono horas antes. Y se fue.
Una pelea que excede el protocolo
El gesto de Cortés no fue impulsivo. Fue premeditado, calculado y ejecutado con total frialdad. Eso lo vuelve más significativo que una discusión de pasillo. El intendente eligió hacer pública una ruptura que, hasta ahora, se manejaba en los márgenes de la política local. Además, lo hizo frente a los empresarios más importantes del ecosistema turístico de Bariloche y ante el representante del gobierno nacional en materia de turismo.
La tensión entre Cortés y el grupo Trappa tiene historia y tiene materia concreta. La familia Trappa controla CAPSA desde 2011, cuando obtuvo la concesión del Cerro Catedral sin licitación internacional. En 2018, esa concesión fue extendida por 30 años más, hasta 2056, bajo condiciones que permitieron al grupo avanzar con un ambicioso plan de desarrollo inmobiliario sobre 70 hectáreas en la base y la montaña del cerro.
Durante años, tanto Gustavo Gennuso como el propio Cortés acompañaron políticamente ese proceso. Sin embargo, la relación se fue deteriorando. El municipio congeló las tarifas del pase de esquí cuando CAPSA quiso subirlas de 115.000 a 166.000 pesos. La concesionaria amenazó con ir a la Justicia. Además, el Concejo Deliberante debatió una comisión investigadora del cumplimiento del contrato de concesión, que el oficialismo local bloqueó pero que dejó en claro que el vínculo entre el municipio y los Trappa ya no es tranquilo.
La frase que Cortés había dicho semanas atrás quedó grabada: «Trappa llama hasta al fiscal». No es el comentario de alguien que piensa en una reconciliación.
Scioli en el medio
La presencia de Daniel Scioli en este episodio no es un detalle menor. El secretario de Turismo de la Nación tiene una relación fluida con el grupo Trappa y viene impulsando el proyecto de desarrollo inmobiliario en el Cerro Catedral como parte de una agenda de inversiones turísticas de alta gama en la Patagonia. En ese esquema, Bariloche ocupa un lugar central y los Trappa son el actor privado más pesado de la ecuación.
Sin embargo, Scioli no pudo evitar la escena del Inacayal. La imagen del intendente retirándose ante la llegada del empresario es también, en algún punto, una señal hacia la Nación: Cortés no está dispuesto a que la agenda de inversión nacional se imponga sobre las tensiones políticas locales sin su consentimiento.
El conflicto con CAPSA se da, además, en un momento sensible. El grupo Trappa está intentando quedarse con la concesión de Chapelco, en San Martín de los Andes, lo que sumaría a su cartera el control de los principales centros de esquí de la Patagonia argentina. En ese contexto, cualquier señal política desde Bariloche tiene resonancia más allá de la ciudad.
El episodio del Inacayal es la expresión más visible de una pelea que tiene historia, tierra pública de por medio y millones de dólares en juego. Cortés decidió que ya no va a disimularla.

